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Morris: “Siempre me definí como un actor de teatro que saltó a las pantallas. Hoy me considero un hombre de proyectos”

En su 43 edición, la Mostra Internacional de Teatro Cómico e Festivo de Cangas decide otorgarle el Premio Xiria a la Labor Teatral a uno de los actores más conocidos y reconocidos dentro y fuera de Galicia. Antonio Durán ‘Morris’ recogerá el próximo mes de julio este reconocimiento sabedor de que se le concede “de corazón”. Porque Mostra y ‘Morris’ arrancaron su andadura casi al mismo tiempo. Pero también porque los caminos de la Mostra y de ‘Morris’ se cruzaron en más de una, de dos y de tres ocasiones en estos últimos años. Aunque de adolescente se acercó al teatro de manera casual, pronto se convirtió en su “sitio de expresión”. ‘Morris’ se describe a sí mismo como un actor “de pico y pala”. Como meta, “volver a hacer un espectáculo en Galicia con grandes medios y con los mejores profesionales”. Como sueño, “con toda la experiencia que tengo encima, volver a empezar”.

- Premio Xiria a la Labor Teatral de la 43 Mostra. ¿Qué supone para ti este reconocimiento?

Aunque suene a tópico, para mí es una alegría tremenda, sobre todo viniendo de gente que comparte el camino que yo recorrí. Normalmente son merecedoras de este galardón organizaciones que tienen que ver con la promoción y organización teatral. Pero lo cierto es que, por mucho y muy bien que se programe, si los actores no diéramos el ‘Do de pecho’ y no engancháramos al público, esa labor quedaría en nada. En ese sentido sí que le veo sentido a este premio y me siento doblemente agradecido. Nunca me atrajo dirigir ni escribir. Lo único que me divierte es el proceso de meterme en la piel de un personaje. Sé qué este es un premio que se me concede de corazón. 

- ¿Cuál es tu relación con la Mostra de Cangas?

Yo la vi crecer. El nacimiento de la Mostra coincide con mis inicios en el teatro, cuando teníamos la Sala Carral en Vigo. Hice teatro en Galicia hasta no hace mucho tiempo. Últimamente mi trabajo cayó muy fuera de aquí y estoy algo más desconectado. Que se me conceda este premio en Galicia, y en concreto en Cangas y con gente que me vio nacer, me hace muy feliz.

- ¿Recuerdas la primera vez que asististe a una representación en Cangas como espectador?

Fue ya en las primeras ediciones de la Mostra. No me acuerdo exactamente la obra, pero, a lo largo del tiempo, sí que recuerdo asistir sobre todo a espectáculos de la compañía Teatro de Ningures.

- Y ya como actor, ¿qué recuerdos tienes?

Recuerdo dar un pregón ya hace muchos años, con un texto que me ayudara a escribir Anxos Sumai. También estuve encima de los escenarios con la obra ‘A Leituga’ (2018) y participé en alguno de los combates del Torneo de Dramaturxia

- ¿Qué tiene la Mostra de Cangas de especial que, después de 43 años, sigue creciendo?

Tiene historia y trayectoria. En su éxito también ayuda el hecho de que, en el sur de Galicia, no haya festivales de teatro que representen a toda una comarca. La Mostra es un sitio donde acude gente de Vigo y de muchos otros lugares. Y después está la programación, que es maravillosa y se supera cada año. El hecho de que sea un festival cómico-festivo tampoco suele ser algo muy habitual. Y, por último, la gente que está detrás y que yo conozco. Profesionales muy preocupados, que saben mucho de teatro y que consiguen cada año traer grandes espectáculos a base de muchísimo esfuerzo. Porque tampoco cuentan con unos grandes medios. Realmente es muy agradable ir al festival de Cangas porque además tienen muchas vertientes. Hay teatro en calle y casi a cualquier hora. Una maravilla.

- “Un referente indiscutible tanto para el público como para el sector escénico de Galicia”. ¿Te reconoces en esta descripción que hace de ti la organización?

‘Referente’ es una palabra que no me gusta escuchar o reproducir cuando se está hablando de mí. Digamos que pertenezco a la historia del teatro. Porque, claro, vi nacer todo, desde compañías privadas que ya murieron hasta el propio Centro Dramático Galego. En Galicia hay actores y actrices que, aun no siendo tan populares como yo -porque hice mucha televisión-, sí son mejores referentes en el teatro y en las artes escénicas.

- ¿Quién es ‘Morris’?

Morris es un personaje que se hizo. En el fondo, se te soy sincero, pienso que habrá dos historias paralelas al final de mi vida: la historia de Antonio Durán, actor; y ‘Morris’, un personaje que se hizo un poco en todos los campos. En el teatro -mi origen-, en la televisión y en el cine.

- De lo que no cabe duda es de tú capacidad de llegar al público. ¿Es un don o fruto de mucho trabajo?

Fruto de todo el trabajo que hay detrás. Y, claro, también hay que tener algo. Yo no tenía vocación de actor. Me crucé con el arte dramático en el instituto de A Guía (Vigo) cuando hacía COU.

- ¿Y cómo fue esa “revelación”?

Una profesora me metió en una representación y descubrí, encima de un escenario, que era capaz de comunicar. A la gente le encantaba y se reía mucho conmigo, cosa que me sorprendió porque me considero un tipo bastante aburrido, tristón y obsesivo. Descubrí eso y me fui quedando. No fue algo predeterminado ni estudiado.

- Cuéntanos un poco más de esos inicios.

Fue la profesora que tenía de Francés, llamada Maite, quien en el Día das Letras Galegas me convenció para hacer, como no, la obra ‘Os vellos non deben de namorarse’. Después comenzamos a ir por los institutos y fui encontrando en el teatro mi sitio de expresión. Éramos de aquellos que decíamos que estábamos en un proceso de profesionalización, pero era realmente un modo de vida. Casi una actitud. Fue una forma de encontrarme con el teatro y hacer de eso, casi sin darme cuenta, un oficio. No teníamos las pretensiones que se tienen ahora. Se trataba de jugar con la vida y con lo que sentías por el teatro y sacábamos adelante proyectos diferentes casi sin darnos cuenta. Fueron momentos muy hermosos.

- ¿Cómo fue el camino hasta ahora?

Pertenezco a esa generación un poco de creadores todo terreo, que eran resistencia cultural y que, con el tempo y con mucho trabajo, nos fuimos especializando. Me considero un actor de pico y pala.

- ¿Y dirías que con talento?

El talento que yo tenga o no deberían decirlo los espectadores, pero siento el mismo miedo cuando creo algo ahora que cuando empecé. Pienso que el talento es un arma de doble filo. Si lo tienes, se entiende que siempre lo tienes que demostrar y eso puede crear insatisfacción. La realidad es que tienes que superarte y exigirte más cada día. Es una carrera de fondo.

- ¿Cómo evolucionó el ‘Morris’ actor a lo largo del tiempo?

Fui evolucionando con el propio trabajo. Como no realicé estudios académicos, fui aprendiendo poco a poco el oficio de manera autodidacta. Todos los actores, tengan la formación que tengan, alcanzan su propio método. Mi método se llama 'Morris', fruto de la experiencia que adquieres de las cosas que ya hiciste. Para mí, cada trabajo se tradujo en una experiencia que me enriqueció, pero que también me hizo dudar de los anteriores. Avanzar en unas cosas y nuevas dudas. Avanzar y dudar. También tuve cierta fortuna, porque conseguí darme a conocer y conectar con el público. Gracias a eso, me dieron la oportunidad de hacer grandes personajes.

- ¿Qué cosas crees que aún te quedan por aprender?

Te diría que todo. Y nada al mismo tiempo. Seguiré aprendiendo siempre que haya proyectos en los que yo me sienta cómodo, a los que pueda imprimirles toda la experiencia adquirida, la creatividad, el 'tempo',... Cada vez que hago un espectáculo nuevo, una película, tengo la sensación de abrir una puerta que nunca había abierto anteriormente. Entonces, esa puerta me va a llevar a un montón de sitios. Cuando ya tienes una cierta experiencia y asimilas todo lo vivido, empieza otra labor, que es intentar desaprender todo lo aprendido, porque es la única forma de mantenerse vivo. Es una pelea continua, un círculo vicioso. Nunca sabes hasta qué punto aplicas en los nuevos proyectos cosas que ya aprendiste. O si el hecho de haber aprendido algo te lleva a crear algo nuevo.

- ¿Tienes alguna meta?

Sí. Volver a vivir grandes proyectos. Conectar, estar tranquilo y rodeado de grandes equipos. Para mí estos últimos años con Andrés Lima, desde 'Shocks' hasta acabar con ‘1936’, fueron un regalo. Estaba más metido en el mundo audiovisual y se me dio la oportunidad de volver a conectarme con esa creatividad del teatro puro. De salir sin nada a escena y crearlo todo. Con la experiencia que tengo ahora, quisiera volver a hacer un espectáculo en Galicia con grandes medios, con los mejores profesionales -sé quién son y son muchísimos-, y poder girar por Galicia y por fuera con esa sensación de que somos muy importantes.

- ¿Algún sueño imposible?

Con toda la experiencia que tengo encima, volver a empezar.

- ¿Cómo ves la profesión?

Me encantaría ver una profesión mucho más unida y con las cosas más claras. Me gustaría ver a los profesionales más mezclados, los de antes con la nueva gente que sale de la Escuela Superior de Arte Dramático de Galicia, por ejemplo. Querría recuperar aquel espíritu de los 80, de cuando conocí el teatro. Sé qué muchos profesionales lo tienen, pero colectivamente cada vez somos más minifundistas. No solo en Galicia, sino en toda España.

- ¿Atesoras a tus espaldas una dilatada trayectoria como actor de teatro, cine y televisión, ¿tienes alguna preferencia?

Yo siempre me definí como un actor de teatro que luego saltó a las pantallas. Hoy en día me considero un hombre de proyectos. Yo, ante una mala obra de teatro, escojo una buena serie. Y ante una mala serie, puedo coger una película. Depende siempre del proyecto. Creo firmemente que los actores, si tenemos oportunidades, nos enriquecemos de los tres medios, ya que nos ofrecen cosas distintas. Pero también es cierto que la verdadera dimensión del enfrentamiento personal con el público es fundamental y solo te la da el teatro. No para que seas un gran actor de cine, pero sí para que sientas lo que es la exposición directa delante del espectador y ser tú el dueño del escenario y de lo que haces. En mi caso, el cine y las cámaras me dieron grandes momentos. Y sé también que cuando existe ese chispazo con la cámara es la misma que surge en el escenario con el espectador. Aunque no soy muy futbolero, soy muy celtista desde pequeñito. Y aprendí que, si un futbolista no entrena, va a ser difícil que juegue. Y para un actor, el entrenamiento teatral es fundamental. La sensación de abismo, esa dimensión que te da el escenario cuando se abre el telón y te quedas solo delante de todos los espectadores es única. También es muy importante, interpretes un protagonista o un secundario, saber mirar a la cámara. Intuir el espectador al que te diriges, con el gesto y con honestidad.

- Entonces, ¿no tienes un medio preferido?

A ver, siendo sincero conmigo mismo, diré que el teatro es el principio de un actor. También puede ser a la inversa, pero es más fácil que un actor de teatro se pase al cine o a la televisión que al contrario.

- ¿Es un buen momento para el teatro?

Pues, en general, sí. Pero también es un momento difícil porque, a veces, tengo la sensación de tener vistas ya demasiadas cosas y de que todo se parece a todo. También es difícil porque en esta profesión hay mucha gente que lucha por sobrevivir y tiene que pelear contra todo.

- ¿Qué cosas habría que mejorar para que la gente acudiese más a las salas?

Quizás una infraestructura que hoy en día no tenemos en Galicia. Igual fracasamos un poquito en aquel anhelo de pensar que era posible tener programaciones fuertes en las ciudades y un teatro nacional que nos representara. No lo conseguimos. Sí está la red de teatros, pero no logramos penetrar quizás en el público urbano. Y no es porque no existan salas porque en Vigo, por ejemplo, hay dos. En mis últimas experiencias en Madrid comprobé que allí el teatro consiguió convertirse en algo necesario, y no porque allí se representen obras de más calidad. En Galicia no conseguimos que el teatro se convirtiera en un producto de consumo necesario. No podemos tener un gran teatro como A Fundación, antes ‘García Barbón’, y entregárselo a un banco para tener los grandes contenedores sin programación, vacíos. Con la obra ‘1936’ no había espacio para presentarla en Vigo. Son cosas que claman un poco al cielo. Parece que solo promovemos el pequeño espectáculo para que sobreviva, y no hay cabida para las obras de gran formato. Para mí también es un fallo que el Centro Dramático Galego se haya quedado en el Salón Teatro de Santiago de Compostela, autolimitándose. Habrá quien piense que, si no fuera así, sería una competencia desleal, pero quizás sea justo al revés. No lo sé. Creo que hay un debate pendiente que, por la edad, ya no me va a tocar a mí. A lo mejor, a veces, también nos confundimos catalogando espectáculos de “comerciales” como algo negativo, cuando nuestra labor es respetar la diversidad del público y dentro del oficio. 

- ¿Puede el teatro ayudar a recomponer la situación actual de crispación social y política?

El teatro, si algo tiene, es que es un arma potentísima. Pero tengo la sensación de que a veces, a nivel artístico, penetramos hasta donde nos dejan. Estoy hablando de televisión, de cine, de teatro. Incluso a veces nos autocensuramos un poco por miedo a que nos callen por levantar la voz demasiado. Es cierto que hay un control tremendo, pero también existe un cierto autocontrol que nosotros dejamos que exista. Raras veces ahora alguien se sale del tiesto y golpea.

- ¿De qué forma el teatro ayuda a la sociedad?

El teatro es vida. Sirve para denunciar, para entretener y para producir un montón de sensaciones. Y todas son válidas. Si pensamos que el teatro tiene que ser un arma para solucionar esta sociedad, estamos jodidos. Cada vez más agradezco que, cuando asisto al teatro o voy al cine, durante ese tiempo me conquisten. Y muchas veces se consigue con cosas pequeñas, grandes, importantes, menos importantes, con visiones personales,... Eso es el que tenemos que recuperar: el juego, la creatividad. Por ahí creo que va el camino.

- Este premio quieres dedicarlo a…

... a quien tiene el valor de entregármelo, porque es una gente tan merecedora como yo. Es un premio colectivo de todas las personas que empezaron conmigo. Un premio fruto de una trayectoria que hice con mucha gente, personas que ya no están y otras que siguen haciendo un esfuerzo titánico.

[Fotografía de Bárbara Palomero, de la representación de la obra '1936']

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