Noemi Rodríguez: "La Mostra es una invitación a la alegría, la reflexión y la comunidad"
La pregonera de esta 43 Mostra Internacional de Teatro Cómico e Festivo de Cangas tocó prácticamente todos los palos en las artes escénicas. Actriz, autora, directora, productora y pedagoga, Noemi Rodríguez afirma que el teatro "es el lugar desde el que miro el mundo y desde el que intento entenderlo y compartirlo con los demás". Premio Ojo Crítico de Teatro 2019 por su trayectoria en Teatro En Vilo, esta gallega está considerada una de las creadoras más interesantes del panorama teatral contemporáneo.
- ¿Qué significa para ti dar el pregón de la 43 Mostra?
Para mí es una honra enorme. Me siento profundamente agradecida y muy afortunada por la decisión de la dirección de la Mostra de darme este espacio para inaugurar esta nueva edición. Es una oportunidad muy especial para compartir algunas reflexiones y para contribuir, aunque sea por un rato, a dar el pistoletazo de salida a un evento tan importante para el teatro gallego. La verdad es que me siento muy honrada y muy feliz.
- ¿Qué vínculo tienes con este evento y con Cangas?
Una de las razones por las que para mí es tan especial hacer este pregón es porque también me permite expresar públicamente mi agradecimiento tanto a la Mostra como al público de Cangas. A lo largo de toda mi carrera profesional sentí su apoyo y su cariño. Desde mis inicios como directora y dramaturga, cuando tenía veintipocos años y
prácticamente estaba empezando, la Mostra de Cangas apostó por mi trabajo. Y eso, dentro de un momento en el que nadie te conoce y estás dando tus pinitos, tiene un valor enorme. Que te den oportunidades, que valoren lo que haces y que confíen en ti es algo que marca una carrera. Además, tengo recuerdos muy hermosos, como cuando alguno de mis espectáculos recibió el Premio del Público. Son experiencias que una nunca olvida. Por ello agradezco mucho tener ahora la oportunidad de devolver, aunque sea con unas palabras, una pequeña parte de todo lo que recibí.
- ¿Por qué crees que tiene tanto tirón el teatro en esta villa?
Seguro que hay personas que podrían responder mejor que yo a esta pregunta porque conocen en profundidad la historia del teatro profesional y amador en la zona. Pero yo imagino que tiene mucho que ver con la enorme cantidad de profesionales, compañías y personas vinculadas a las artes escénicas que llevan años trabajando con constancia y compromiso. Hay un tejido cultural muy fuerte y muy vivo, construido a lo largo del tiempo por mucha gente que lleva décadas haciendo un trabajo extraordinario. Eso crea una relación muy especial entre el público y el teatro. El caso de Cangas es bastante singular y es un ejemplo de cómo la cultura puede formar parte de la identidad de un lugar.
- Directora de escena, dramaturga, intérprete, pedagoga y asesora. ¿Qué significa para ti el teatro?
Para mí el teatro es algo que atraviesa prácticamente toda mi vida. Empecé a trabajar profesionalmente muy joven y, desde entonces, el teatro fue organizando gran parte de mis decisiones vitales. Es mi profesión, pero también es mi ilusión. Gracias al teatro conocí personas maravillosas, ocupé lugares que nunca imaginé y viví experiencias que me transformaron. De alguna manera, el teatro es el lugar desde el que miro el mundo y desde el que intento entenderlo y compartirlo con los demás.
- ¿Sentiste en algún momento que ser mujer fuese o aún sea un atranco en tu proyección profesional?
Sí, especialmente al inicio de mi carrera. Era bastante desmoralizante mirar las programaciones de los teatros y comprobar que el número de dramaturgas y directoras era ínfimo. Además, si escribías y dirigías siendo mujer, muchas veces se asumía —y a veces todavía se asume— que hacías “teatro de mujeres”, como si las mujeres hablásemos de una categoría específica y los hombres, del mundo entero. Creo que eso, por surte, ha ido cambiando bastante. Pero hay cosas que siguen pasando. Aún hoy no es raro que asuman que soy la actriz, la ayudante de dirección o la axyudante de escenografía antes que la directora del espectáculo.
- En Galicia o a nivel estatal, ¿a quien admira Noemi en el campo teatral?
Admiro a muchísimas creadoras y creadores por razones muy diferentes, así que me resulta difícil escoger nombres concretos. Pero hay algo que siempre me inspira especialmente: las compañías que consiguen mantenerse unidas a lo largo de los años, trabajando con el mismo amor, con la misma entrega y con la misma pasión después de décadas. En Galicia tenemos ejemplos extraordinarios de eso. En general, admiro a las personas que trabajan con ética, con rigor y con amor por el oficio, y también a quien se atreve a asumir riesgos artísticos y a explorar caminos nuevos. Fue un auténtico flechazo. Yo era una niña muy introvertida, muy cerrada en mi propio mundo, y relacionarme con los demás no me resultaba nada fácil. Un día, en la escuela, me tocó interpretar un personaje de 'El enfermo imaginario' de Molière y pasó algo que nunca olvidé: a través de hacer de alguien que no era yo, conseguí conectar con los demás y con el mundo de una manera completamente nueva. Tendría 7 u 8 años y supe que allí había algo muy importante para mí.
- A lo largo de tu carrera desarrollaste distintas facetas de tu trabajo en varios países europeos y también en la India o en Estados Unidos. ¿Qué diferencias fuiste encontrando?
Una de las cosas que aprendí viajando y trabajando en otros países es que a veces tendemos la idealizar mucho lo que ocurre fuera. Cuando no conocemos de cerca otras realidades, es fácil pensar que todo funciona mejor en otros lugares. Para mí fue muy útil poder comparar distintos contextos profesionales y culturales. Y, curiosamente, esa experiencia me hizo valorar muchas cosas que tenemos aquí. Evidentemente hay muchísimos aspectos mejorables, pero también contamos con un tejido artístico muy rico y con
oportunidades que a veces no apreciamos lo suficiente. Aprendí que no todo es oro lo que reluce y que incluso países que solemos poner como ejemplo también tienen dificultades y limitaciones importantes.
- Háblanos ahora desde la perspectiva de profesora de talleres de interpretación. En el teatro, ¿cuánto hay de talento innato y cuánto de profesión aprendida?
Hay un mito alrededor del arte que dice que crear es algo reservado para unas pocas personas especialmente dotadas. Mi experiencia, tanto en la interpretación como en la escritura, me dice otra cosa. Cuando se crean las condiciones idóneas, cuando se ofrece un espacio seguro y estimulante, aparecen talentos, creatividad y capacidades expresivas en muchísimas personas. Por ello diría que hay mucho más talento del que pensamos, y también mucha gente que aún no descubrió su propio potencial. Ahora bien, hacer una carrera artística sostenida en el tiempo tiene que ver con otras cosas: con la curiosidad permanente por el mundo y por las personas, con la disciplina, con el rigor, con la constancia y con la capacidad de asumir riesgos. También creo que requiere una enorme valentía y una relación muy profunda con la propia vocación. Y, al mismo tiempo, considero fundamental aprender a construir una vida sostenible. Porque cuando sacrificamos todo por el trabajo que amamos corremos el riesgo de quemarnos. Cuidar la vida también es una forma de cuidar la vocación.
- Como dramaturga y directora de escena, ¿por qué crees que al teatro le cuesta llegar al público más joven? ¿Fallan las historias o hay otros problemas?
Seguramente hay muchos factores, pero uno de ellos podría ser que faltan más espacios para que la gente joven pueda crear, experimentar y contar sus propias historias. Además, a veces estamos confundiendo precariedad con juventud. Que una persona de treinta y tantos siga compartiendo piso, no pueda acceder a una vivienda o no pueda formar una familia si así lo desea no significa que siga siendo joven; significa que existen condiciones de vida cada vez más precarias. Y en ese movimiento corremos el riesgo de invisibilizar a las personas que realmente están en la veintena, con sus preguntas, sus inquietudes y su forma particular de mirar el mundo. Si no les damos espacio para crear, también es más difícil que el teatro conecte con su generación.
- A nivel profesional, ¿de qué cosas te sientes más orgullosa?
No creo que sea de un premio o de un proyecto concreto. De lo que más orgullosa me siento es de conservar intacta mi vocación. Después de tantos años sigo teniendo la misma curiosidad, la misma ilusión y las mismas ganas de aprender que cuando empecé. Incluso diría que más. El teatro continúa emocionándome, sorprendiéndome y formulándome preguntas. Poder seguir sintiendo eso después de tantos años es, probablemente, mi mayor logro.
- ¿Y qué tienes aún pendiente?
Todo lo que está por venir. Me quedan muchas obras por hacer, muchos artistas por conocer y muchas colaboraciones por vivir. Me quedan experiencias que aún no puedo ni imaginar. Y eso es algo que me ilusiona profundamente.
- A la hora de contar, ¿es el teatro una disciplina más libre que, por ejemplo, el cine o la televisión?
No tengo suficiente experiencia en el cine o en la televisión como para hacer afirmaciones rotundas, porque mi carrera se desarrolló fundamentalmente en el teatro. Pero sí creo que el teatro es un lugar donde muchas cosas son posibles. Al no depender, en ocasiones, de estructuras tan complejas ni de recursos tan elevados, puede existir una mayor
capacidad para experimentar, asumir riesgos y explorar lenguajes propios. Es un espacio con una enorme libertad creativa.
- Si estuviera en tus manos hacer algún cambio para potenciar las artes escénicas, ¿por dónde comenzarías?
Yo pondría a todo el mundo a hacer teatro. Crearía grupos de teatro en cada barrio, en cada centro cultural, en cada escuela. Porque el teatro no solo sirve para formar artistas. Es un espacio de encuentro, de comunidad, de alegría y de imaginación. Son lugares donde aprendemos a escuchar, a colaborar, a ponernos en el lugar de otras personas y a explorar posibilidades nuevas. Son espacios de transformación individual, colectiva y social. Por ello, si dependiera de mí, habría teatro en todas las esquinas.
- ¿Qué va a ver la gente que asista a tu pregón?
Pues más que ver, va a escuchar. Va a encontrar una pequeña reflexión, pero también una celebración de un mundo que amo profundamente y al que llevo vinculada toda mi vida. Hablaré del teatro como un lugar de encuentro, de imaginación y de transformación. Un espacio que nos permite salir un poco de nosotros mismos, acercarnos a lo diferente y volver a mirar el mundo con más curiosidad y más esperanza.
- ¿Cómo animarías al público a no perderse nada de la 43 Mostra de Cangas?
Animaría a la gente a salir de casa, a dejar el móvil de lado durante unas horas y venir al teatro. Creo que vivimos muy pegados a las pantallas, en un contexto que muchas veces alimenta la desconfianza, el enfado y el aislamiento. El teatro ofrece justo lo contrario: un espacio de encuentro. Un lugar donde sentarse junto a personas diferentes, compartir una experiencia y escuchar algo durante más de tres segundos. Creo que la Mostra de Cangas es una invitación a la alegría, a la reflexión y a la comunidad. Y, en estos tiempos, eso me parece más necesario que nunca.